lunes, 25 de enero de 2016

Una lección de amistad: EL CARIÑOGRAMA


Hoy vengo a hablaros de una actividad que hemos iniciado muchos profesores de mi centro con la intención de potenciar el cariño entre nuestros alumnos.

Y qué mejor nombre que CARIÑOGRAMA para referirnos a esta actividad que en su primera semana ya nos ha dado alguna que otra buena lección.

Se trata de un sistema en el que los alumnos se envían cartas los unos a los otros para agradecer algo, para animar a otros compañeros, para resaltar una actitud positiva o simplemente para recordar a un amigo/a lo importante que es para nosotros.

Su puesta en marcha es muy sencilla: 

  • Cada alumno/a pinta un sobre con su nombre 
  • Se colocan todos juntos en un mural de manera accesible
  • Entre todo el grupo se decide un horario en el que se podrán depositar las cartas
  • Se acuerda un momento concreto de la semana para repartir las cartas y hacer una puesta en común.

De primeras esta actividad me pareció muy interesante para trabajar la expresión de emociones y fomentar el sentimiento de grupo pero, una vez puesta en práctica, mis expectativas se han superado con creces.

Días antes del "reparto" me preocupaba que algunos alumnos se quedaran sin carta. Pensé en seguir el consejo de una compañera que consistía en nombrar a un observador diario en pequeño grupo para que escribiera una carta a sus compañeros con características positivas que había observado.

Sin embargo, me sorprendí al pillar a dos alumnos hurgando en todos los sobres para comprobar que todos tuvieran carta. Fue un gesto que me emocionó mucho porque cuando encontraban a un compañero que todavía no había sido agraciado iban corriendo a meterle su notita.

Llegó el viernes y el esperado momento. Poco a poco fui repartiendo todas las cartas a los alumnos. Fue muy bonito verles las caras de emoción. ¡Parecía que habían llegado los Reyes Magos! Pero mi alegría no acabó ahí. Una alumna se levantó espontáneamente y dijo:

- "Quiero daros las gracias a todos porque me habéis hecho muy feliz"

A ella se le unió otro compañero leyendo la carta que le había escrito un amigo y así, unos detrás de otros fueron aportando algunas de los agradecimientos más sinceros que he oído nunca.

De verdad, me dejaron sin habla. Solo tienen ocho años y me dieron una lección de amistad y compañerismo que más quisiéramos muchos. Yo no lo podría haber hecho mejor.

Intentando darle forma a toda esa atmósfera que habían creado intenté hacerles ver lo bien que nos podemos sentir cuando nos sentimos queridos y les demostramos nuestro cariño a los demás. También, les reconocí lo orgullosa que estaba de ellos porque estaban consiguiendo hacerse felices los unos a los otros y que eso es algo que no debían olvidar cuando fueran mayores. De repente dijo una alumna:

"Claro, es que si metiéramos a un grupo de adultos en una sala y a un grupo de niños en otra durante un rato y luego les preguntamos si han hecho amigos, los adultos dirán que no, ellos siempre están mirando el móvil. Sin embargo, nosotros nos pondremos a jugar porque somos muchos niños y podemos hacer muchas cosas"

Os prometo que no supe que contestar. Le tuve que dar la razón porque, por desgracia, muchas veces ese es el ejemplo que damos.

En realidad Marisa hablaba de un vídeo que más tarde vi en internet. No me importa si esa idea no había sido originalmente suya, lo que me impresiona es que la interiorizara tan bien y supiera relacionarla con un momento en el que la lección más grande de COMPAÑERISMO me la dieron ellos.







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